«Allante y Movimiento».
Algunas personas mantienen una apariencia que podría ser «digna» de buen trato, o al menos es lo que dan a entender con sus acciones de «humildad» y comportamiento sumiso. Pero en realidad son individuos que llevan por dentro la verdadera personalidad que se mantiene esperando la primera oportunidad para poder emanar como la lava que es desprendida desde el interior de un Volcán en erupción.
Entrando en contexto, nos referimos a aquellos que están llenos de frustraciones y son mediocres por excelencia, a tal nivel que por más preparación académica que haya en sus hojas de vida no dejan atrás el gran comportamiento pobre que representa la «marca distintiva» que los identifica.
En el mismo orden, les acompañan es@s que mezclan la vida personal con lo laboral haciendo que aquellos que están subordinados a ellos pasen un verdadero calvario en sus puestos de trabajo, provocando que prevalezca un estado de incertidumbre que induce a la inseguridad y desencanto en los colaboradores.
Es@s que viven del «allante y movimiento» aprovechan el momento para aparentar ser víctima en frente de aquellos que son los encargados de tomar decisiones con artimañas que son objeto de cuestionamiento violando el código de ética que debería ser sagrado para cada servidor. ¡Ah! pero estos creen que por el simple hecho de dirigir quedan exentos de cumplir con las normas y, por ende, pueden anteponer sus caprichos por encima de todo.
En la mayoría de los casos estos carecen de personalidad y se convierten en «sabues@s» que para mantener sus posiciones deben hacer el trabajo sucio de los incapaces que hasta «un puesto de empanadas» les quedaría grande, por la carencia de gerencia que vive en ell@s. La parte buena de esto es que, el mejor maestro de vida que tenemos es el tiempo, puesto que este nos muestra la verdad de las cosas a su debido momento.
A todo esto, podemos hacer alusión al libro de libros con el siguiente mensaje;
«La sabiduría te librará del camino de los malvados,
de los que profieren palabras perversas».
(Proverbios 2:12)

